
¿Qué mejor idea en un 12 de octubre que huir de Madrid y el ruido atronador de los aviones por el centro? Aprovechando que Carlos y compañía tenían planeada una excursión a Ávila, me uní al grupo.
Nos comimos un bonito atasco, pero el repertorio musical del vehículo, acompañado por las voces cantoras de los cinco pasajeros, lo hicieron más ameno. Sé que aquí mucha gente disentiría sobre lo que se considera un "viaje ameno en coche", por su propio bien, ninguno de los que íbamos en el coche pertenecía a ese grupo de individuos...
Llegamos a la ciudad con un estruendosos rugidos estomacales y David, el autóctono, nos llevó a una venta en la que nos dieron muy bien de comer.
Después, paseo por la ciudad, cafecito, yemas de Santa Teresa, pastas artesanas...
La vuelta a Madrid, más ligera en lo que respecta al tráfico, no así a la digestión.

2 comentarios:
Es que no se puede poner uno hasta las cejas de perrunillas, que eso es como cemento armado...
¡Qué buenas! ¿Volvemos a por más en diciembre? jeje
Publicar un comentario