viernes, 12 de octubre de 2007

¡Vámonos de boda!

Si llevas varios meses sin cortarte el pelo y no te sientes con la soltura suficiente en el idioma como para evitar una catástrofe natural al explicarte en la peluquería de Frankfurt, sólo te queda la opción de dejarlo para el último minuto y pasarte por una en Madrid el mismo día de la boda.


Aunque la capacidad lingüística no siempre es garantía de entendimiento. Jesús, mi peluquero (una y no más) cortó más capas de las solicitadas y me plantó unos tirabuzones con los que habría sido la envidia de todos los disfraces de escarola. No hay fotos del resultado final, pero esto puede daros una ligera idea...

Por suerte, el secador de Bea deshizo un poco el entuerto (aunque ella no acabara de percibir la diferencia) y pude llegar a la iglesia con un poco más de dignidad capilar.

Cierto que en la boda lo importante son los novios, y ellos sí estaban estupendos. De nuevo, no he pedido permiso para colgar fotos ajenas, de modo que me voy a abstener.
Una interesante velada con amigos a los que no tengo ocasión de ver a menudo, un placer.

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