La primera:

Visita al cine en versión alemana
Cierto que la película escogida, una comedia romántica facilona, no presentaba grandes retos a la comprensión en lo que respecta al argumento. Pero cualquier pretensión de sumergirme en un filme con un enfoque más profundo habría resultado inevitablemente en una tremenda frustración y un deseo urgente de huir de vuelta a la madre patria con el rabo entre las piernas.
Resultado positivo: un alto porcentaje de coincidencia entre mis reacciones (risas, sobresaltos y suspiros) y las del público nativo.
La segunda:
Encuesta callejera
Al salir del supermercado, una chica con sonrisa simpaticona me pregunta si me importaría contestarle a unas preguntas sobre el establecimiento. La inercia me habría llevado a devolver la sonrisa, darle una amable negativa y largarme con mi carro de la compra. Pero... ¿por qué no hacer la prueba? Resumen de mis respuestas: género de buena calidad, organización extraña de los productos y precios un tanto elevados. Perdí mi gran oportunidad de poner una queja formal por la falta de fregonas en el inventario. Pero, como diría Marian, así podremos contar a las nuevas generaciones "la historia del palo de fregona viajero".La tercera:
Este año no tenía excusa: ya no estoy liada con los estudios ni hay incompatibilidad con los horarios laborales. Así que agarré el teléfono, marqué el número de la autoescuela de aquí al lado y pedí hora para mi primera clase práctica en alemán. Requiere mi más absoluta atención, todos los sentidos despiertos y dedicados, porque no sólo hay marchas, peatones y tranvías... también hay un Herr Steinhausen en el asiento del copiloto emitiendo instrucciones en guiri.
Parece que después de casi 12 años, voy a quitarle el polvo al carnet...


1 comentario:
Dios mio! si no entiendes el coche ni al Herr no deberias avisar por radio o asi el dia de las clases!
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