Ya amanecí con la sensación de que laboralmente no iba a cundir demasiado, pero por otro lado, era domingo y todos sabemos lo que se cuenta al respecto.
Tras un ratito de traducción por la mañana me puse a desayunar con la tele. Desde que he visto que la entiendo mucho mejor he resintonizado la tarjeta del ordenador y ahora cojo 21 canales con una señal perfecta. (Incluso con la mini-antena que traía el aparato, así que puedo hasta verla en la cama, debería probar si también en el tren... jeje). ¡¡Gracias ex-compis de CBRE!!
A las 2 un mensajillo en el Messenger me preguntó si quería comer en el centro, así que me apunté. Y después de una visita a Vapiano, un restaurante de comida rápida italiana (que gracias a la vertiginosidad de cocción de la pasta fresca no cumple en absoluto la ecuación "comida rápida=comida basura") nos sentamos en la terracita del Häagen Dazs a disfrutar de ese minúsculo batido y a hacer planes veraniegos.
En un par de horas llegaba Norbert a la estación central y había quedado en recogerlo para irnos a cenar tempranito (siguiendo las costumbres alemanas) pero mi estómago aún no estaba preparado para atacar un bife. Con su permiso, retrasamos la reserva en el restaurante Buenos Aires y aprovechamos para tomarnos una cervecita (o similar) en "mi pub", ya por todos conocido, el Anglo Irish.
Cena ligera por mi parte, no tanto por la suya, y visita a otro garito, esta vez con música en vivo... sin comentarios. La noche murió joven porque hoy uno de los dos tenía que madrugar.

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