lunes, 23 de febrero de 2009

¡Cuidado que voy...!



Con más ilusión que pericia dediqué ayer la mañana a tirarme por una pista de nieve subida a una tabla de snowboard.

La excursión, organizada por A-Viva, reunió a unas 25 personas de niveles varios de "maestría" en las disciplinas de esquí y snowboard, y con mucha energía después de una noche de sábado dedicada a actividades relajantes y abstemias (cine y cena en restaurante etíope, por mi parte).

Repartidos en 5 coches, a las 8 de la mañana partimos hacia Wasserkuppe, a 120 km al noreste de Frankfurt. Un par de horitas después ya estábamos ataviados con todos los elementos que cabe esperar de semejantes actividades deportivas y condiciones meteorológicas.

Mi primer par de descensos podrían calificarse "de torpes a muy torpes". A pesar de las indicaciones de Enrico sobre la necesidad de mantener el peso en el centro de la tabla y repartirlo de igual modo entre ambas piernas para poder controlar la trayectoria, éstas no parecían dispuestas a confiar en las leyes de la física en que se basaba semejante afirmación. Consecuencia directa: "de morros o de culo".

Sin embargo, en algún momento, cuando aún ninguna de las caídas había sido dolorosa, parece que le perdí el miedo, relajé las piernas, escuché la voz de mi "maestro", y reduje tanto el tiempo de descenso como la frecuencia de pérdida de control con inevitable asimilación de mi cuerpo con la superficie del terreno.

Cuando hicimos una pausa para comer, cerca de las 3 y media de la tarde, empezaron a calar el cansancio y la clara previsión de unas agujetas dignas. Mi vena sensata de principiante poco acostumbrada a los grandes esfuerzos físicos me indicó que era hora de devolver el equipo alquilado y volver a Frankfurt con el siguiente coche que partiera.

De vuelta en A-Viva, me uní al plan de "cine indio" y disfrutamos de una película interesante, emotiva y divertida en buena compañía.

Y así se resume mi domingo... ¡¡Saludos!!

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