sábado, 28 de febrero de 2009

Me he roto "un poco".

Porque era imposible que esa caída de frente en la montaña, que me hizo tragar nieve y sentirme como una acordeón al chocar mi pecho contra el duro suelo, no tuviera alguna consecuencia física.

Los dos primeros días las molestias de las agujetas generales parecían superar el dolor de costillas. Sin embargo, cuando los desentrenados músculos volvieron a la normalidad, el dolor en el costado se acentuó, llegando al punto de que el momento de levantarme de la cama ya no sólo era incómodo por la pereza matinal, sino también por un fuerte pinchazo lateral.

Ayer, después de clase y acompañada por Raúl, me acerqué al hospital para que me viera un médico. Palpa, pregunta, me manda a rayos y, al echar un vistazo a la radiografía, me dice:

- "La costilla no se ha "jarejarejare", pero sí se ha "blablablablabla"."

Por suerte, acompañando a esos términos técnicos me regaló unos útiles y gráficos gestos. El primero, al que no había que atender, imitaba a alguien que coge un palo con ambas manos y lo casca. El segundo, mi diagnóstico, consistía en un par de manos escurriendo un trapo mojado. ¡¡AY!!

Yo he optado por llamarle "una costilla fisurada". Y el tratamiento consiste, básicamente, en hincharme a Ibuprofeno y cambiar el plan de ayudar a Fabian a trasladar las cajas a su piso nuevo por, simplemente, mirar cómo lo hace ayudado por algún otro amigo.

Como ya supondréis, el viaje a Italia cambiará de contenido. En lugar de retomar las clases de snowboard tendré que conformarme con admirar el paisaje, que por otro lado, ¡tampoco está mal!

Besos a todos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si quieres, vienes y te cuido.
O voy yo...

Ama