
No, aún no me he decidido a abandonar Frankfurt. El idioma va mejorando, pero todavía queda mucho que aprender; y ahora que el sol empieza a asomarse tímidamente templando a duras penas las frías temperaturas invernales, me veo con ganas de dedicar una pequeña dosis de paciencia a esperar la llegada del verano. (También asoman los nubarrones cargados de nieve, pero para qué prestarles atención...)
Y aún así, hay mudanza. "Local", que se diría. La idea la propuso Enrico, un amigo italiano al que conocí por medio de la nueva academia de idiomas (aunque también podría considerarse un centro social) que frecuento últimamente. Las horas de clase son abundantes, y productivas, pero también lo son las horas de "remoloneo" en la salita de la entrada.
Volvamos al tema que nos ocupa... Cansado de compartir piso con dos personas a las que apenas conoce, se le ocurrió proponer que nos mudáramos varios amigos a un piso compartido. Primera reacción: "¡uf, ni loca!". Pero la idea desencadenó un proceso mental en busca de "pros" y "contras", que a pesar de contener elementos múltiples en ambas columnas, me hizo decantarme por el "sí". Actividades neuronales similares debieron de tener lugar en la cabeza tanto de Malwina como de Mauro, y así se formó el grupo de búsqueda de vivienda.
Por ahora hemos visto tres pisos, uno de ellos, nos encantó, pero hoy es el día de contactar con el dueño para ver si está dispuesto a alquilárnoslo... (Redoble de tambores). La energía positiva será bienvenida independientemente de su procedencia. ¡Gracias!
Os mantendré informados... un beso.

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