Siempre que me acerco a la torre Picasso para hacer una visita a mis antiguos compañeros la inercia me lleva directamente a mi mesa, pero las caras de sorpresa y bienvenida de aquellos con los que me cruzo por el pasillo me despiertan del trance atemporal y me recuerdan que, aunque mi sitio está vacío, ¡a esa oficina últimamente no voy a trabajar!
Cuánto disfruto perdiendo el tiempo por los pasillos, parándome de mesa en mesa para saludar y contar cuatro detalles de mi vida en Alemania y oír un resumen acelerado de las vivencias de los demás.
Y cuando se acerca la hora de comer, recojo a "mis chicas" y nos vamos a alimentarnos a algún restaurante de la zona. Esta vez, como otras muchas, tocó la Tagliatella, para satisfacer mi antojo de lasaña de setas.

Las locuelas de las copas estarán de visita en Frankfurt en un par de fines de semana, y como soy cauta, tras el tormento me he asegurado un par de semanas de vacaciones. ;O)
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Y por la tarde... tuve ocasión de conocer a otra de mis "sobris". Con sus 4 meses, Lía me recibió con sonrisas y un breve pero potente llanto para que viera que está dotada con unos buenos pulmones.

Después de ponerse guapa con su vestido a la última, nos fuimos con su madre a tomar algo en una terraza y a disfrutar de una larga charla de ésas que tanto se echan de menos en la distancia.

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