
A pesar del convencimiento de mis convecinos de que en nuestro país el sol nunca se esconde, una boda en julio en el norte no cuenta con garantía alguna de un clima acorde con la vestimenta elegida por las invitadas al evento. Por suerte, el sol brilló, acompañándonos durante la agradable y emotiva ceremonia en la iglesia, el cóctel, la comida y el baile posterior, que nos mantuvo ocupados durante horas y del que creo que hay videos que no querré ver...
¡Así de guapísimos iban los novios!

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