sábado, 12 de julio de 2008

Polska Oaza


El miércoles cogí un taxi a la puerta de casa para que me acercara a la fiesta de despedida de Adam. El taxista acababa de montar en el coche con un paquetito en la mano y enseguida me explicó que lo que llevaba dentro era un plato típico polaco que había comprado en el Polska Oaza, un restaurante que hay muy cerquita de mi casa. Durante el corto viaje me recomendó tan insistentemente que lo probara, que el sábado, aprovechando que llevábamos a una nativa para que nos explicara la carta y nos aconsejara los platos más sabrosos, nos dejamos caer por allí.

Lo cierto es que salimos contentas y con el estómago saciado a un precio bastante adecuado. Eso sí... la quedada para cenar fue a las 6 de la tarde, de modo que sobre las 11 de la noche yo ya volvía a tener hambre.

Para cerrar la velada hicimos una visita a nuestro pub, donde conocimos a múltiples individuos que se habían acercado a Frankfurt para celebrar alguna despedida de soltero. Estaban las calles repletas de grupos de "ellas" y de "ellos". Algunos, discretos, otros, vestidos de auténticos mamarrachos... Siguiendo la tradición.

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